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Corría el año 1910 cuando Eduardo Valfiermo, estafador argentino, se decidió a viajar a Francia para llevar a cabo el robo de la pieza de arte más preciada de la historia, la Giocconda.
Ya en el país galo, Valfiermo se contactó con el carpintero italiano Vincenzo Perugia para comentarle su plan. La idea era que éste último robase la obra maestra, la cual luego sería vendida al mejor postor. Consciente de la cantidad de ofertas que recibirían una vez producido el atraco, Valfiermo encargó al falsificador francés Yves Chaudron, crear seis réplicas del cuadro para venderlas a seis personas distintas y así, aumentar el monto y la magnitud de la estafa. Tal como se había planeado, las falsificaciones fueron rápidamente compradas por cinco coleccionistas estadounidenses y un brasileño.
- Llama la atención la facilidad con que se llevó a cabo este robo. Perugia no tuvo más que esperar a que aquel 21 de agosto de 1911, el museo cerrase sus puertas al público por mantenimiento, para tomar la Gioconda, quitarla de su marco, esconderla bajo su ropa y luego guardarla en una valija, todo esto sin despertar ningún tipo de sospecha.
Ante el desconcierto y la desesperación de las autoridades, artistas como Guillaume Apollinaire y Pablo Picasso fueron acusados como instigadores de semejante suceso.
La pintura fue recuperada dos años y ciento once días después del robo, sin que haya salido nunca del departamento de Perugia.
Por su parte, Valfiermo fue indicado como el actor intelectual, recién en 1931, luego de que concediera una entrevista a un periodista norteamericano, en la que aceptaba su cupabilidad.
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