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El 15 de abril de 1912 se hundió frente a las costas de Terranova (Estados Unidos) el más famoso transatlántico de la historia, el Titanic. Considerado el mejor barco de su época, no solo por sus dimensiones sino también por sus lujos y comodidades, se llevó consigo a las aguas del Atlántico Norte miles de historias de desconocidos que murieron dejando atrás anécdotas y vivencias que nos siguen sorprendiendo. Dos de ellas es, sin duda, valen la pena conocerse.
Edgardo Andrew,
uno de los protagonistas de esta historia, nació el 28 de Marzo de 1895 en “El Durazno”, una estancia de más de 10.000 hectáreas, en la provincia de Córdoba.
Con 16 años, decidió partir hacia Inglaterra con el objetivo de estudiar ingeniería naval. Sin embargo, una invitación cambiaría para siempre su destino. Solo un año después, en 1912, su hermano Alfredo lo invitó a su casamiento que se llevaría a cabo en Estados Unidos. Comienza así su último viaje.
Andrew decidió dejar sus estudios para embarcarse hacia el país del norte de América. Nuevamente aquí todos los caminos parecen encontrarse para cambiar su vida. Decidido a realizar el viaje, primero buscó comprar pasajes para la embarcación “Oceanic”, pero una huelga de carboneros lo obligó a buscar otras alternativas. La primera en surgir fue el Titanic. Con un boleto de segunda clase en la mano, empieza su increible historia.
El 10 de abril de 1912, como todos los pasajeros, Andrew se acomodó en su camarote para iniciar su traslado a los Estados Unidos. Durante su estancia, conoció y forjó amistad con una pasajera estadounidense Winnie Troutt, quien años más tarde nos revelaría esta historia.
Pocos días después de su partida, más precisamente el 15 de abril, el Titanic se estremeció al chocar contra un iceberg, provocando un caos generalizado. El “insumergible” se estaba hundiendo sin completar siquiera su primer viaje.
Azorado por la situación, Andrew no se dejó llevar por la emergencia que obliga a la autoconservación. En su lugar, otorgó su salvavidas a su amiga norteamericana, salvándole la vida a ella y al bebé que llevaba en sus brazos.
Finalmente y para copletar lo trágico de esta historia, debido a la precariedad de la tecnología de las comunicaciones de aquellos años, la familia de Edgardo llegado el 29 de abril de 1912, todavía no se había enterado de su fallecimiento.
La otra protagonista de esta historia es aún mucho menos conocida que Andrew. Se trata de Violeta Jessop. Nacida en Buen
os Aires en 1888, luego de la muerte de su padre, comenzó a buscar trabajo y lo encontró en la compañía creadora del Titanic, la “White Star”. Camarera, con un sueldo de 2 libras y 10 peniques por una jornada de 17 horas por día, empieza su travesía a bordo del Olympiq, pero tiempo después tras la insistencia de sus amigos que consideraban que trabajar en el Titanic sería una experiencia inolvidable, se embarca en el “insumergible”.
La noche del accidente con el iceberg, Violeta se encontraba durmiendo en su habitación, cuando alguien ordenó subir a la cubierta principal. Tras 8 horas de naufragio en las heladas aguas del Atlántico Norte, Violeta fue salvada por el “Carpathia”, siendo así la única sobreviviente argentina de uno de los accidentes más recordados del siglo XX.
2 comentarios por mucho
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siempre es interesante conocer datos de la tragedia vivida en aquel entonces. se dan coincidencias y casos extraños relacionados.
comentario por toty Julio 2, 2008 @ 4:58 pmNo conocía la histaria, y la verdad que me impácto al conocer la estancia,ya que yo e ido y los deños de la estancia son mis tíos, en este momento está en la provincia de Cordova mi abuela y esta en “El Durazno”, es estancia es realmente antigua y es una contruccion muy pero muy linda, si quieren obtener información sobre el durazno, lo pueden hacer a traves de mi correo electronico.
comentario por Mauro Dall' Agnola Enero 2, 2009 @ 2:37 pm